Aquí hay dragones...

Wrath of the Lich King agregará al juego un vasto nuevo territorio, así como muchos calabozos nuevos. En el gélido continente de Rasganorte habitan multitud de extrañas y terroríficas criaturas; ésta página contiene información sobre algunas de las que encontrarás al internarte en las tierras olvidadas, y los páramos desolados, que constituyen el dominio del Rey Exánime

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Gigante de Carne
Gigante de Carne
En el inhóspito y lejano reino de Rasganorte, la misma hechicería oscura utilizada para controlar a las poderosas abominaciones de la Plaga sirve un mayor propósito. El Rey Exánime ha concentrado su poder maléfico en los gigantes de carne, criaturas pesadillezcas que hacen que las abominaciones parezcan dóciles. Los esbirros de la Plaga ensamblan a los gigantes de carne y a las abominaciones de manera similar, confeccionándolos con partes corporales de diversos cadáveres. Sin embargo, a diferencia de las abominaciones, las "refacciones" utilizadas para crear a los gigantes de carne provienen de los diversos tipos de temibles gigantes que habitan en Rasganorte.

Estos arietes vivientes emplean su tremenda fuerza bruta para llevar a cabo la inexorable voluntad de su terrible señor. Quienes decidan enfrentarse a los gigantes de carne se expondrán a un destino mucho peor que la muerte misma...
Wendigo
Wendigo
Aunque no se les ve con frecuencia, los feroces rugidos que hacen eco en los brumosos picos de Rasganorte son prueba de su existencia. Muchos creen que estas criaturas solitarias y caníbales son los parientes primigenios de los wendigo que habitan en las montañas de Dun Morogh.

Los wendigo de Rasganorte habitan en cuevas repletas de huesos, y sólo las dejan cuando salen a cazar. Estas salvajes criaturas defienden con fiereza a sus crías, guaridas y fuentes de alimento de cualquier amenaza. Si un aventurero no desea terminar como una nueva adición a las pilas óseas que decoran la caverna de algún wendigo, es prudente huír al momento de escuchar su feroz bramido.
Visir Nerubiano
Visir Nerubiano
Los visires, mitad araña y mitad humanoide, alguna vez sirvieron a los poderosos señores araña nerubianos como consejeros, hechiceros y profetas. Sin embargo, se invirtieron los papeles en el periodo posterior a la Guerra de la Araña y, gracias al vacío que quedó en su sociedad colapsada, así como a su hechicería y gran inteligencia, los visires ascendieron al poder; convirtiéndose en los gobernantes del reino subterráneo de los nerubianos.

Se rumora que los visires están al servicio de un misterioso emperador, el cual está destinado a guiar al antiguo pueblo arácnido a la victoria decisiva sobre la Plaga. Algunos sólo especulan acerca de la existencia de dicho emperador nerubiano, mientras que otros continuan investigando el nexo que se cree que existe entre los nerubianos y la fiera raza de insectos conocida como qiraji.
Eruptor de Peste
Eruptor de Peste
Los eruptores de peste son el experimento más reciente del Rey Exánime, y están diseñados para propagar el horror y el caos por el mundo de los vivos. Estos cadáveres andantes se han ganado rápidamente la fama de ser los elementos más destructores del ejército de la Plaga: hiperviolentos, increíblemente fuertes y más veloces de lo que aparentan. Las armas más aterradoras de su arsenal son la miríada de nódulos pulsantes que cubren su putrefacta piel. Después de enconarse, la peste de no-muerte brota con violencia de dichos nódulos, asegurando así la rápida diseminación del apocalíptico contagio del Rey Exánime por donde quiera que pasen los eruptores.
Colmipala
Colmipala
Los poderosos y feroces colmipalas son fáciles de identificar gracias a la masiva asta curva que sobresale de su cabeza, así como por los colmillos gemelos con forma de media luna que surgen de su mandíbula. Estas bestias, similares a los alces, por lo general utilizan sus colmillos para buscar comida en el subsuelo, mientras que el asta hace las veces de una terrible arma contundente en los enfrentamientos para establecer su dominio sobre otros machos.

Los colmipalas son territoriales, y protegen sus zonas de alimentación con fuerza letal. Se recomienda a los aventureros que viajen por Rasganorte evitar a estas bestias irritables e impredecibles.
Enano de Hierro
Enano de Hierro
La Liga de Expedicionarios ha recorrido los rincones más lejanos del mundo en busca de la verdad acerca de los orígenes de los enanos. Parece ser que ahora están un paso más cerca de descubrir los secretos del pasado.

Las pistas más recientes provienen de excavaciones antiguas en el Fiordo Aquilonal, donde se tuvo el primer encuentro con los enanos de hierro. Con runas de poder inscritas en su gruesa piel metálica, y electricidad pulsando debajo de ella, estos seres bien podrían ser el eslabón perdido entre los enanos y los legendarios titanes. Por desgracia, los malévolos enanos de hierro han desafiado abiertamente a la Liga de Expedicionarios, y parecen estar empeñados en destruir todos los artefactos que vinculen a los enanos con los oscuros rincones de la historia.
Colmillarr
Colmillarr
Pese a la ausencia de registros que documenten el pasado de los colmillarr, varios hechos importantes han salido a la luz recientemente. Los colmillarr son una raza nómada de naturaleza amable que recorre las líneas costeras de la zona sur de Rasganorte, guiados por las estatuas ciclópeas talladas que marcan sus rutas estacionales de pesca. La afiliación tribal de los colmillarr se hace aparente gracias a los símbolos inscritos en sus colmillos, y aunque son una raza pacífica, son asediados por los Kvaldir y por los Gorloc, una raza ártica de criaturas similares a los murlocs.

No obstante, aún sus enemigos se maravillan de su habilidad y valentía al momento de atrapar algunas de las criaturas más peligrosas que habitan en las gélidas aguas de Rasganorte; incluyendo ballenas y calamares gigantes. Ni siquiera los leviatanes sin nombre que merodean en las profundidades se encuentran fuera del alcance de los colmillarr.

Los colmillarr han pasado por muchas épocas difíciles pero, con la reciente llegada de la Horda, han encontrado a un nuevo aliado en la constante lucha contra las hostiles fuerzas de Rasganorte.
Taunka
Taunka
Esta tenaz y estóica raza conoce demasiado bien los rigores de la vida en los inhóspitos, y por lo general mortales, páramos de Rasganorte. Los taunka, quienes son considerados como primos de los tauren, se han adaptado con el tiempo, pero sólo a través de forzar a los elementos y a la tierra a doblegarse bajo su voluntad. La relación que tienen los taunka con la naturaleza, a diferencia de sus hermanos tauren, ha sido una de lucha constante y dura perseverancia.

Aunque los taunka puedan parecer adustos, o incluso fríos, para los extraños, quienes que se den la oportunidad de conocerlos pronto verán una raza de supervivientes en conflicto constante, los cuales poseen un corazón colosal y una determinación inquebrantable.
Magnatauro
Magnatauro
Los magnatauros tienen el torso de un gigante y el cuerpo de un mamut. Su particular apariencia ha dado pie a la especulación de que pueden estar relacionados con los centauros o, inclusive, con los guardianes de la arboleda. Muchos se preguntan si estas razas tienen un ancestro en común, y ha habido quienes han mencionado al mismo Cenarius.

Estos seres son notorios por su longevidad, y se rumora que practican el canibalismo en las épocas en las cuales escasea el alimento. Se sabe que un solo macho puede controlar manadas gigantescas y producir camadas considerables, sin embargo, en las peligrosas y heladas tierras del techo del mundo, solamente sobreviven los más fuertes y crueles.

A pesar de su hostilidad contra la mayoría de las razas, los magnatauros se han vuelto tolerantes de los kobolds árticos, los cuales siguen a las manadas por seguridad y mutuo beneficio durante las largas cacerías. Aunque los imponentes magnatauros llevan vidas solitarias, los aventureros que se cruzan en su camino aprenden rápidamente que habría sido mejor mantener una distancia prudente.
Jormungar
Jormungar
Los increíblemente agresivos jormungar son una maravilla de la evolución, ya que poseen dientes como cinceles capaces de perforar roca sólida, así como cuerpos planos y musculosos que están bien adaptados para desplazarse velozmente bajo tierra.

Las leyendas cuentan como los nerubianos utilizaron a los jormungar como mano de obra, forzándolos a cavar túneles masivos en el hielo subterráneo de Rasganorte para establecer los cimientos de la antigua civilización nerubiana. Con la caída del imperio nerubiano, una gran cantidad de jormungar enfurecidos perforaron la capa de hielo permanente de la región, atacaron a los habitantes de la superficie, y devoraron todo lo que encontraron a su paso.
Gigante de Carne
Gigante de Carne
En el inhóspito y lejano reino de Rasganorte, la misma hechicería oscura utilizada para controlar a las poderosas abominaciones de la Plaga sirve un mayor propósito. El Rey Exánime ha concentrado su poder maléfico en los gigantes de carne, criaturas pesadillezcas que hacen que las abominaciones parezcan dóciles. Los esbirros de la Plaga ensamblan a los gigantes de carne y a las abominaciones de manera similar, confeccionándolos con partes corporales de diversos cadáveres. Sin embargo, a diferencia de las abominaciones, las "refacciones" utilizadas para crear a los gigantes de carne provienen de los diversos tipos de temibles gigantes que habitan en Rasganorte.

Estos arietes vivientes emplean su tremenda fuerza bruta para llevar a cabo la inexorable voluntad de su terrible señor. Quienes decidan enfrentarse a los gigantes de carne se expondrán a un destino mucho peor que la muerte misma...
Wendigo
Wendigo
Aunque no se les ve con frecuencia, los feroces rugidos que hacen eco en los brumosos picos de Rasganorte son prueba de su existencia. Muchos creen que estas criaturas solitarias y caníbales son los parientes primigenios de los wendigo que habitan en las montañas de Dun Morogh.

Los wendigo de Rasganorte habitan en cuevas repletas de huesos, y sólo las dejan cuando salen a cazar. Estas salvajes criaturas defienden con fiereza a sus crías, guaridas y fuentes de alimento de cualquier amenaza. Si un aventurero no desea terminar como una nueva adición a las pilas óseas que decoran la caverna de algún wendigo, es prudente huír al momento de escuchar su feroz bramido.